Ruega por nosotros

Huamuxtitlán, Gro. 20 de septiembre de 2011.

Hasta mi pueblo, en el estado de Guerrero, llega la luz radiante de Cristo en el maravilloso periódico “Desde la fe”, instrumento que nos llena de saber del mundo espiritual.

Gracias, por derramar en nosotros el don hermoso que depositó en ustedes el Espíritu Santo.

En la columna “Quiero saber”, de dicho periódico, se funda mi pregunta: Sé, por la instrucción religiosa que he recibido, que cuando una persona muere la Iglesia militante, puede, mientras el cuerpo está tendido o lo llevan al cementerio, orar diciendo ruega por él, pero todo cambia cuando la persona es sepultada, porque (el alma) deja de tener mérito ante Dios.

Aquí en mi pueblo se ha propagado la moda de que al rezar dicen: ruega por él y por nosotros los pecadores (en el Avemaría) y no lo dejes caer en la tentación y líbralo de todo mal (en el Padrenuestro); y ruega por él (en la Letanía); yo he comentado que no debemos modificar las oraciones, porque los que debemos ganar las indulgencias somos los vivos, para después ofrecerlas a la Virgen por los difuntos. ¿Estoy en un error?

Ojalá que puedan contestarme. Gracias.

Ma. Quintilia Sánchez Jiménez

Hola Quintilia:

¡Gracias por la confianza en exponer tus dudas!

La respuesta no es tan fácil, porque necesitaría mucho espacio para contestar tus dudas.

Mira, hermana, nosotros llamaríamos muerte a la separación del alma del cuerpo. Desde el momento de la muerte, la persona deja de merecer, ha entrado en la eternidad; y la muerte fijó su actitud ante Dios.

Nosotros podemos, debemos, orar por nuestros difuntos.

Aquí en la tierra tenemos siempre un antes y un después, en la eternidad ya todo será un presente perfecto.

Ante Dios, nuestras oraciones hechas en este momento, perfectamente pueden ayudar a quien murió, aun si ya hace mucho tiempo.

Es costumbre muy antigua, popular, la de añadir “por él”, “por ella”, en nuestras oraciones, yo no creo que esté mal, hoy solicitamos la intercesión de la Santísima Virgen por un difunto, aunque haya muerto hace mucho tiempo. Ante Dios, esas indulgencias, esos “perdones” que se han concedido a ciertas oraciones y a ciertas prácticas, las podemos aplicar por nuestros difuntos.

Lo que sí me parece extraño es que en el Padrenuestro digan “líbralo de todo mal” no creo que sea una fórmula clara, la buena intención la entiendo, pero la expresión no es correcta.

Con esto espero haber iluminado tus dudas.

Pide por mí.

Alberto Aranda C

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