Obra Nacional de la Buena Prensa
   
 

 

 

LA CASTIDAD EN TIEMPOS DE ABUSOS.

Francisco Magaña Aviña, S. J.

Los abusos sexuales de menores cometidos por algunos sacerdotes, mueven muchas fibras a cualquier persona pero, sobre todo a los sacerdotes y religiosos y, consecuentemente, también a nosotros los jesuitas.

Mueven a cualquier ser humano, por la indignación ante ese abuso de personas indefensas. También porque la pedofilia y la efebofilia, no son un problema exclusivo del clero, sino de la humanidad . Desgraciadamente los abusos son más comunes de lo que pensábamos. Gracias a Dios –y “desgraciadamente” también gracias a estos abusos perpetrados por quienes se han comprometido a vivir el celibato– tenemos cada vez más conciencia de ello. Pero los abusos suceden en todos los ámbitos: iglesias, escuelas, clubes, y, peor aún, más frecuentemente en el seno de la propia familia .

Cuando se abusa de un ser humano y abrimos el corazón, sentimos que nos lo hacen a nosotros mismos.

Si quien abusó es un clérigo o religioso, entonces, la indignación es mayor. Esto es obvio, por la moral sexual católica (y la doblez que viene implicada con el solapamiento o permisividad) y porque es de esperar que la Iglesia y los ministros brinden seguridad a la comunidad –y especialmente a sus miembros con más fragilidad o pequeñez–, y nunca abusos.

También el escándalo es mayor porque no falta quien aproveche estos casos para sacar otras agendas o resentimientos hacia la Iglesia o sus ministros. Algunos medios parece que se alegran cuando hablan de estos casos. Los medios no tienen conciencia de su propia doble moral: venden sexo y luego se asustan de que también en la Iglesia avance la permisividad sexual que, sin ser la causa directa de los abusos, sí los facilita.

A nosotros, y a los que quieren unirse a nosotros, esta realidad nos mueve aún más. Nos lleva a hacernos preguntas sobre nosotros mismos, sobre nuestro voto de castidad y sobre la Iglesia. Algunas preguntas nos vienen de fuera y otras de nosotros mismos: ¿Qué relación hay entre abuso y voto de castidad? ¿Qué valor tiene hacer voto de castidad en la actual situación de la Iglesia? ¿Qué nos dice ese voto a nosotros, a la Iglesia en su conjunto y al mundo de hoy? ¿Cómo vivir hoy este voto? ¿Cómo es que pertenezco a una Iglesia en la que sucede esto y que, a veces, ha sido permisiva respecto a esos abusos? ¿Cómo queda manchada mi o nuestra imagen, por pertenecerle a esa Iglesia? ¿Qué tiene que ver con el clericalismo? ¿También entre nosotros los jesuitas mexicanos sucede o puede suceder esto?

Como jesuita, en este trabajo pretendo dar mi respuesta a estas preguntas. Para eso primero abordaré el tema de la imagen y la necesidad de penitencia a la que nos invita el Papa Benedicto XVI, dado que los escándalos han tocado en un punto muy importante de la imagen de la Iglesia y de nosotros mismos. En segundo lugar trataré, muy apretadamente de la castidad en general; me parece necesario hacerlo pues si sólo nos quedamos con una vivencia funcional del voto y no lo vivimos como nuestra manera de amar, más fácilmente podemos ir caminando hacia algún tipo de abuso. En el tercer apartado trataré sobre la necesidad de poner límites. En la cuarta sección sobre nuestro manejo del poder, y en la quinta sobre la humildad necesaria para pertenecer a cualquier grupo humano y en particular a esta Iglesia. Terminaré con las conclusiones.

Para más información, de clic en el CIE

Artículo "La Castidad en tiempos de abusos"

VATICAN INFORMATION

FECHA 16-05-2012

Sumario:
- NO HAY GRITO HUMANO QUE DIOS NO ESCUCHE
- BENEDICTO XVI: EL TRABAJO NO DEBE SUPONER UN OBSTÁCULO PARA LA FAMILIA
- AUDIENCIAS
- AVISO

NO HAY GRITO HUMANO QUE DIOS NO ESCUCHE

Ciudad del Vaticano, 16 mayo 2012

Después de haber analizado la oración en los Hechos de los Apóstoles, Benedicto XVI anunció que dedicará las próximas catequesis a ese tema en las Cartas de San Pablo, que las inicia y termina siempre con una plegaria y que, en su epistolario, nos ha dejado una rica gama de formas de orar.

En la audiencia general de los miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, ante más de 11.000 personas, el Papa explicó que el Apóstol de las gentes quiere que entendamos que la oración “no es una obra buena hecha a Dios, una acción nuestra, sino ante todo un don, fruto de la presencia viva (..) y vivificante del Padre y de Jesucristo en nosotros”.

Cuando rezamos, sentimos “nuestra debilidad (...) nuestro ser criaturas, porque nos encontramos ante la omnipotencia y la trascendencia de Dios (...) y percibimos nuestros límites (...) y la necesidad de confiar cada vez más en Él”. Es entonces cuando “el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra incapacidad (...) y nos guía al dirigirnos a Dios”. Así, la oración es sobre todo “la acción del Espíritu Santo en nuestra humanidad, que se hace cargo de nuestra debilidad y nos transforma de personas ligadas a la realidad material en personas espirituales”.

Entre las repercusiones de la acción del Espíritu de Cristo como principio interno de todas nuestras obras, el Santo Padre observó, en primer lugar, que “la oración animada por el Espíritu nos da la posibilidad de abandonar y superar toda forma de miedo o de esclavitud, viviendo la verdadera libertad de los hijos de Dios”. Otra consecuencia es que “la relación con Dios llega a ser tan profunda que no se ve afectada por ningún hecho o situación. Entendemos que la oración no nos libra de las pruebas ni de los sufrimientos, pero podemos vivirlos en unión con Cristo, con sus sufrimientos, en la perspectiva de participar también en su gloria”.

“Muchas veces -dijo el Papa- pedimos a Dios que nos libre del mal físico y espiritual (...) y sin embargo, a menudo tenemos la impresión de que no nos escucha y corremos el riesgo de desanimarnos y no perseverar. En realidad, no hay ningún grito humano que Dios no escuche. (...) La respuesta de Dios Padre a su Hijo (...) no fue la liberación inmediata del sufrimiento, de la cruz, de la muerte: a través de la cruz y de la muerte, Dios respondió (...) con la Resurrección”.

Por último, “la oración del creyente también se abre a la dimensión de la humanidad y de la creación entera, (...) no se queda encerrada en sí misma: se abre para compartir los sufrimientos de nuestro tiempo. Se convierte así en (...) canal de esperanza para toda la creación y expresión del amor de Dios que se derrama en nuestros corazones por medio del Espíritu”.

El apóstol, finalizó el Santo Padre, nos enseña que cuando rezamos “tenemos que abrirnos a la presencia y la acción del Espíritu Santo (...) para que nos lleve a Dios con todo nuestro corazón y todo nuestro ser. El Espíritu de Cristo se convierte en la fuerza de nuestra oración 'débil', en la luz de nuestra oración 'apagada', enseñándonos a vivir, enfrentándonos a las pruebas de la existencia, de la certeza de que no estamos solos, abriéndonos a los horizontes de la humanidad y de la creación 'que gime y sufre con dolores de parto'”.

 

BENEDICTO XVI: EL TRABAJO NO DEBE SUPONER UN OBSTÁCULO PARA LA FAMILIA

Ciudad del Vaticano, 16 mayo 2012

“El trabajo no debería suponer un obstáculo para la familia, sino que más bien ha de sostenerla y unirla”. Así lo ha afirmado Benedicto XVI en un llamamiento que ha realizado al final de la audiencia general de hoy.

Tras recordar que ayer se celebró la Jornada Internacional de las Familias, que la ONU ha dedicado este año a la relación entre familia y trabajo, el Papa ha señalado que el trabajo debe favorecer a la familia, “ayudarla a abrirse a la vida y a entrar en relación con la sociedad y con la Iglesia”. Asimismo, el Pontífice ha expresado su deseo de que el domingo, “día del Señor y Pascua de la semana, sea un día de reposo y una ocasión para reforzar los lazos familiares”.

Por otra parte, durante los tradicionales saludos en diversos idiomas a los más de 11.000 peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, Benedicto XVI subrayó que mañana se celebrará la solemnidad de la Ascensión del Señor. Esta festividad “nos invita a mirar a Jesús que, subiendo al Cielo, confía a los apóstoles el mandato de llevar su mensaje de salvación a todo el mundo (…). El Señor ha preparado un sitio para cada uno de nosotros y nos espera. Que nuestros pensamientos y nuestras obras estén dirigidos hacia la patria celeste”.

 

AUDIENCIAS

Ciudad del Vaticano, 16 mayo 2012

Al final de la audiencia general de hoy, el Santo Padre ha recibido al obispo Gerhard Ludwig Müller, de Ratisbona (República Federal de Alemania).

 

AVISO

Ciudad del Vaticano, 16 mayo 2012

Mañana jueves, Solemnidad de la Ascensión del Señor, es día festivo en el Vaticano; por tanto, no habrá servicio. La transmisión se reanudará el viernes, día 18.

 

 

www.vatican.va

Inicio